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Muere Leonard Alan Lauder, heredero del imperio Estée Lauder, a los 92 años.

A los 92 años, Leonard Lauder, el hombre que llevó Estée Lauder de la cocina de su madre al liderazgo mundial, pierde la vida. Su legado trasciende el negocio: arte, filantropía y un imperio valorado en 15.600 millones de dólares.

Nacido en Nueva York en 1932, Leonard no era el típico multimillonario. Desde joven, rechazó el lujo ostentoso y dedicó su fortuna a causas como la investigación del cáncer y el Alzheimer. Bajo su liderazgo, Estée Lauder pasó de ser una pequeña compañía familiar a un gigante mundial con marcas icónicas como Clinique, La Mer, Tom Ford y M·A·C Cosmetics.

Además de su éxito empresarial, Lauder fue un destacado coleccionista de arte. En 2013, realizó una histórica donación al Museo Metropolitano de Nueva York (MET): 78 obras cubistas de artistas como Picasso, Braque y Gris, valoradas en más de 1.100 millones de dólares. Para Leonard, “conservar” el arte era más importante que poseerlo.

Hoy, su hijo William P. Lauder, actual presidente ejecutivo de Estée Lauder, lo recuerda como un pionero incansable. “Mi padre transformó la industria y mejoró innumerables vidas”, expresó.

El legado de Leonard Lauder vive no solo en el éxito continuo de su empresa, sino también en los valores de innovación, filantropía y excelencia que inspiraron su vida.

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